El exministro de Desarrollo Agrario y Riego, Andrés Alencastre, hizo un contundente llamado a reestructurar el modelo de desarrollo peruano, asegurando que la extrema dependencia a la exportación de materias primas hace al país vulnerable ante la actual crisis geopolítica global.
Durante su intervención en el programa "La hora del economista", habló sobre el centralismo del Estado y propuso tres grandes reformas estructurales para encauzar el país en los próximos cinco años: descentralización identitaria, planificación ascendente y multilateralismo.
Legislación agraria excluyente y centralismo
Alencastre analizó cómo la frondosa
normativa nacional está diseñada exclusivamente para beneficiar a las
corporaciones agroexportadoras, ignorando a la inmensa mayoría del territorio.
"Ese crecimiento de hasta 20,000 millones de dólares de exportación del
sector agrario solamente ha usado entre 400 y 500,000 hectáreas de uso agrario.
Pero nosotros tenemos 38 millones de hectáreas de uso agrario", reveló. En
ese sentido, calificó la recientemente ampliada Ley de Promoción Agraria como
"incompleta", argumentando que deja a un tercio del país "sin
política pública agraria".
El exministro señaló que este "centralismo
exacerbado" no solo invisibiliza al agricultor local, sino que es un
sistema autoritario de gestión que fracasa ante las crisis, como ocurrió con la
frustrada compra estatal de urea, donde se evidenció que el gobierno carecía de
logística para distribuir fertilizantes a los pequeños productores. "El
aparato público está excesivamente centralizado", indicó.
Chancay y el vacío de un proyecto nacional
Ante la fragmentación del mundo y la tensión entre
unipolaridad y multipolaridad, Alencastre remarcó que el Perú sigue tomando
decisiones atadas a una "relación de colonialidad del poder". Al
respecto, cuestionó que megaproyectos como el Puerto de Chancay carezcan de una
verdadera articulación con el desarrollo nacional. "No hay un proyecto
peruano que diga Chancay es el hub de un proyecto peruano articulado a
la Franja y la Ruta de la Seda", advirtió, contrastando esta carencia con
la visión integradora del ancestral Qhapaq Ñan, el cual concebía la
infraestructura como un sistema de gobernanza y no solo como una obra de
ingeniería.
Tres pilares para salvar al país
Consultado sobre cómo proteger los bolsillos de las
economías populares frente al inminente estallido financiero, Alencastre
delineó tres decisiones radicales para el próximo gobierno. En primer lugar,
una descentralización auténtica, alejada del fracasado modelo
político-administrativo de regionalización actual. Propuso basarse en el
"sentimiento de pertenencia" de las macro regiones, utilizando la
cosmovisión andina del Uku (lo de adentro) y el Hawa (lo de afuera)
para establecer gerencias territoriales con respuestas propias frente a las
crisis.
En segundo lugar, propuso eliminar la planificación
"de arriba hacia abajo" que ejerce el CEPLAN. Exigió una
planificación "ascendente" para que las regiones sean protagonistas y
no simples beneficiarias pasivas de las directivas limeñas. Finalmente, abogó
por abrazar la "multilateralidad", abriendo las puertas a diversos
inversionistas internacionales sin atarse a potencias específicas, garantizando
así la soberanía nacional. "El Perú dejaría de ser vulnerable si deja de
mirar al otro como un objeto [...] Los próximos cinco años tienen que ser una
cadena descentralizada", concluyó.
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