El Fenómeno del Niño plantea un escenario que exige respuestas diferenciadas según las características de cada territorio. Andrés Alencastre Calderón, exministro de Desarrollo Agrario y Riego, sostuvo que el país debe superar una lógica centrada únicamente en la emergencia y adoptar una estrategia territorial que permita anticipar los efectos del fenómeno y aprovechar la coyuntura para impulsar cambios estructurales.
Alencastre explicó que la actual coyuntura combina la presencia del Niño costero, el Niño global y la DANA, generando una sobrecarga de efectos provenientes tanto de la dinámica del mar como de los fenómenos meteorológicos de la atmósfera. A ello se suma un escenario de cambio de gobierno y elecciones municipales, que, según indicó, exige definiciones claras sobre la institucionalidad encargada de responder.
El exministro cuestionó que las divisiones político-administrativas del país no siempre coincidan con la dinámica de fenómenos que atraviesan distintos territorios y planteó que las cuencas deben convertirse en una unidad fundamental para organizar la respuesta.
“Debajo de cada jurisdicción hay una estructura de cuencas en un país de montañas”, señaló.
Para Alencastre, uno de los principales problemas es que el país ha perdido una mirada estratégica frente a estos fenómenos y ha priorizado la atención de las consecuencias una vez que los daños ya se produjeron.
“El Niño debería entenderse, como lo hacían los antiguos, como una oportunidad para hacer los cambios estructurales que se necesitan”, afirmó.
En esa línea, consideró necesario construir una memoria institucional que permita identificar qué medidas funcionaron y cuáles fallaron después de cada evento, de manera que las experiencias acumuladas sirvan para mejorar las decisiones futuras.
El especialista también sostuvo que la declaratoria de emergencia debe aprovecharse para superar las limitaciones de una normativa que, en su opinión, no permite responder adecuadamente a un fenómeno transversal que involucra a sectores públicos, empresas y poblaciones.
Alencastre remarcó que no existe una única respuesta para todo el territorio peruano. Explicó que los efectos previstos serán diferentes en el sur, centro y norte del país, por lo que las medidas deben diseñarse de acuerdo con las características de cada cuenca.
En la zona sur, desde Ica hasta Caplina, en Tacna, señaló que las primeras lluvias asociadas a la DANA podrían afectar zonas donde normalmente no llueve y generar el arrastre de materiales en quebradas secas. Posteriormente, advirtió que podría presentarse un periodo de sequía que requerirá una respuesta diferente.
En la zona central, en tanto, previó una alternancia entre sequías y lluvias, mientras que en el norte anticipó mayores riesgos de inundación.
“Cada sitio tiene una respuesta específica, totalmente diferente”, sostuvo.
Por ello, consideró necesario que alcaldes, gobiernos regionales y ministerios trabajen junto con la academia, el sector privado y las organizaciones locales para definir medidas específicas en cada territorio.
Desde su experiencia como exministro, Alencastre consideró que el Ministerio de Agricultura debe asumir un rol central debido a su presencia en las zonas rurales y a su relación directa con el uso de la tierra y el agua.
“Donde está viva la tierra y el uso del agua es en el sector agrario”, explicó.
El especialista propuso que la gestión se organice bajo una mirada de cuencas, identificando qué acciones deben realizarse en las partes altas, medias y bajas.
En las zonas altas, planteó retener el agua de las precipitaciones mediante sistemas que permitan almacenarla en los niveles subterráneos y superficiales. Para ello, destacó el papel de las comunidades y puso como ejemplo a Tupicocha, donde se han construido reservorios y un canal mediante esfuerzos de la propia población y alianzas.
Alencastre propuso que la declaratoria de emergencia considere las 59 cuencas identificadas en el territorio y que, bajo ese esquema, se trabaje con autoridades de cuenca para coordinar las intervenciones.
“Lo primero, declarar en emergencia, pero con las características de que serían las 59 cuencas en emergencia”, planteó.
Su propuesta contempla la participación conjunta de autoridades públicas, empresas, academia y organizaciones locales. Además, planteó habilitar recursos para empleo temporal, maquinaria, planes de intervención y trabajos destinados a mantener la conectividad de las vías.
En las zonas medias, señaló que deberían ejecutarse obras para conducir el agua y controlar cárcavas, mientras que en las zonas bajas planteó mejorar la dispersión del agua y fortalecer las estructuras de riego existentes para evitar que las precipitaciones terminen sobrecargando los sistemas de alcantarillado.
Ante el riesgo de que productores agrícolas pierdan cultivos y enfrenten problemas de endeudamiento, Alencastre sostuvo que las medidas de apoyo no pueden ser uniformes.
“La emergencia habilita políticas específicas”, afirmó.
Según explicó, las condiciones de un agricultor de Tacna pueden ser completamente diferentes a las de un productor ubicado en otra zona del país. Por ello, los instrumentos de apoyo deben diseñarse de acuerdo con las características de cada territorio.
Asimismo, consideró que la información necesaria para tomar decisiones no debe generarse únicamente desde las oficinas del Ministerio de Agricultura, sino también desde las propias unidades agropecuarias, comunidades y localidades.
El exministro cuestionó que la respuesta ante el Fenómeno del Niño continúe concentrándose principalmente en las instancias superiores del aparato estatal. En su opinión, la gestión debe incorporar de manera efectiva a quienes conocen directamente las condiciones de cada territorio.
Para ello, consideró necesario superar los vacíos normativos existentes en las intercuencas y reconocer el papel de las poblaciones locales dentro de la estructura institucional de respuesta.
“La actuación es conjunta porque la emergencia es para todos”, sostuvo.
Alencastre advirtió que la institucionalidad actual todavía es débil para asumir competencias intersectoriales y coordinar una respuesta que involucre simultáneamente a los distintos actores.
Finalmente, Alencastre insistió en que el Fenómeno del Niño no debería abordarse únicamente como una amenaza, sino también como una oportunidad para revisar la forma en que el país organiza su territorio y gestiona sus recursos.
Desde su perspectiva, la experiencia histórica y el conocimiento acumulado deben incorporarse a las decisiones actuales para evitar que cada nuevo fenómeno vuelva a generar los mismos daños sin que queden aprendizajes institucionales.
“Este tema debe seguir siendo motivo de diálogo permanente”, concluyó.
La intervención de Andrés Alencastre puso así el énfasis en una respuesta territorial al Fenómeno del Niño, basada en la gestión por cuencas, la participación de las comunidades, la coordinación entre instituciones y la ejecución de medidas preventivas antes de que los impactos se intensifiquen.
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