Milagros Guzmán advierte que el impacto del Fenómeno del Niño podría reducir el crecimiento económico del Perú


El acoplamiento entre el Niño costero y el Niño global configura un escenario de mayor riesgo para el territorio peruano, con efectos que podrían extenderse desde las zonas costeras hasta los Andes y la Amazonía. Así lo señaló Milagros Guzmán Kuroda, vicedecana del Colegio de Geógrafos del Perú, durante su participación en una reciente edición de La Hora del Economista, donde explicó los principales peligros climáticos que enfrenta el país y la necesidad de fortalecer la prevención y el ordenamiento territorial.

Guzmán explicó que, a diferencia de los eventos asociados tradicionalmente al Fenómeno del Niño en la costa, el actual escenario podría afectar a gran parte del territorio nacional. La especialista señaló que el acoplamiento del Niño costero con el Niño global genera condiciones más críticas, que incluyen lluvias, inundaciones, huaicos, heladas, friaje, estrés hídrico y sequías.

La geógrafa también se refirió a la DANA Aníbal, evento extraordinario que provocó el ingreso de masas de aire frío desde el sur y generó un choque con las temperaturas cálidas del mar. Esta combinación produjo precipitaciones y otros eventos en regiones como Tacna, Arequipa, Moquegua y Lima.

“No solamente es un tema de lluvias y huaycos que ha azotado la costa sur y la costa centro, sino también en la zona altoandina con heladas”, explicó.

Guzmán destacó que los recientes episodios de lluvia en Lima permiten dimensionar la vulnerabilidad de algunas zonas urbanas frente a precipitaciones que, aunque pueden parecer menores en términos absolutos, superan ampliamente los niveles habituales de la capital.

Explicó que Lima registra normalmente alrededor de 12 milímetros de lluvia al año, mientras que en Villa El Salvador se registraron aproximadamente 14 milímetros en cuestión de horas, afectando también a distritos como San Juan de Miraflores, Surco y Chorrillos.

Para la especialista, estos eventos muestran que las condiciones previstas para los próximos meses requieren una preparación mayor, especialmente ante la posibilidad de que las precipitaciones se intensifiquen desde septiembre y alcancen sus mayores niveles entre noviembre y diciembre.

Uno de los principales problemas identificados por Guzmán fue la limitada ejecución de los recursos destinados a la prevención y reducción del riesgo de desastres. Señaló que los gobiernos regionales y locales cuentan con presupuestos y planes específicos, pero existen dificultades técnicas para ejecutar las obras necesarias.

“Siempre se encuentra con que no se tiene capacidad de gasto, pero es porque detrás de ello hay una falta de capacidad técnica en la ejecución del presupuesto”, sostuvo.

La especialista indicó que se han asignado recursos a gobiernos subnacionales para atender estos riesgos, pero las supervisiones realizadas evidencian que en algunos casos no se ha ejecutado ni la mitad de los presupuestos destinados a estas obras.

Asimismo, explicó que existe un programa presupuestal 068, destinado específicamente a acciones relacionadas con la gestión del riesgo de desastres, incluyendo prevención y reducción del riesgo. Sin embargo, cuestionó que estos recursos no sean ejecutados oportunamente.

Guzmán también analizó los S/800 millones asignados recientemente mediante un decreto de urgencia para atender la emergencia. Consideró que este monto no sería suficiente frente a la magnitud de los riesgos identificados.

Explicó que los recursos permitirían realizar principalmente labores de descolmatación y limpieza de ríos en algunos puntos críticos, mientras que la Autoridad Nacional del Agua ya había identificado más de 1.000 puntos críticos.

“Es un mínimo porcentaje de lo que realmente se requiere”, señaló al comparar las intervenciones previstas con la cantidad de puntos críticos existentes.

La especialista estimó además que el impacto económico del fenómeno podría alcanzar los S/1.600 millones. En ese escenario, advirtió que el crecimiento de la economía peruana podría reducirse de una proyección de 4 % a 3,4 %.

“Es un impacto muy fuerte para la economía”, afirmó.

Más allá de identificar responsabilidades específicas por las afectaciones, Guzmán consideró necesario revisar la articulación entre los tres niveles de gobierno y la forma en que se planifican las obras de infraestructura.

La especialista señaló que persisten falencias en sistemas de drenaje y en la construcción de carreteras ubicadas en zonas previamente identificadas como de riesgo. Como ejemplo, mencionó carreteras que atraviesan quebradas y que pueden quedar expuestas ante eventos de precipitaciones intensas.

“La naturaleza siempre reclama su territorio”, sostuvo al explicar la necesidad de considerar las características y riesgos del territorio antes de ejecutar obras.

En su opinión, uno de los principales riesgos es repetir un ciclo en el que, después de cada emergencia, el Estado concentra sus esfuerzos en rehabilitar y reconstruir, pero no modifica las condiciones que originaron la vulnerabilidad.

Frente a este escenario, Guzmán planteó que el país debe combinar las acciones inmediatas de preparación con una estrategia de largo plazo basada en el ordenamiento territorial.

“Nuestra mirada ya debe ser de ejecutar acciones que podamos realizar en el corto plazo teniendo en cuenta el impacto en nuestro territorio, y una mirada a futuro de cómo ordenar las ciudades”, explicó.

Según la especialista, si no se modifica la manera en que se planifica y ocupa el territorio, el país podría volver a enfrentar los mismos problemas después de cada evento climático.

La especialista también advirtió que los efectos del Fenómeno del Niño no se limitarían a las zonas costeras. En las regiones altoandinas, las heladas pueden afectar directamente a poblaciones cuya economía depende de actividades de subsistencia.

“Las heladas afectan una economía de subsistencia”, explicó.

Guzmán señaló que una mayor afectación sobre la agricultura y la crianza de camélidos puede agravar las condiciones económicas de las poblaciones rurales más vulnerables.

En la Amazonía, en tanto, explicó que el problema podría estar relacionado con el estrés hídrico y las sequías, además de los episodios de friaje. Esta situación tendría también consecuencias económicas debido a la importancia del transporte fluvial para la conectividad de las comunidades amazónicas.

“Eso afecta la economía”, sostuvo al referirse a las posibles dificultades para la transitabilidad fluvial.

Finalmente, Guzmán destacó el papel que pueden desempeñar los profesionales de la geografía en la prevención y gestión de desastres. Explicó que su especialidad permite analizar las características físicas y humanas del territorio y aportar información para la toma de decisiones.

“Tenemos amplio conocimiento del territorio y de las variables geográficas que se presentan en él”, señaló.

La especialista sostuvo que los geógrafos participan actualmente en gobiernos locales y regionales y pueden contribuir a fortalecer la gestión del riesgo mediante un enfoque territorial, ambiental y económico.

Asimismo, destacó la importancia del trabajo conjunto entre profesionales y entidades públicas para implementar medidas de prevención.

“Desde el Colegio de Geógrafos siempre estamos prestos a trabajar de manera conjunta y articulada”, afirmó al finalizar su participación.

De esta manera, la intervención de Milagros Guzmán Kuroda puso el foco en la necesidad de pasar de una respuesta centrada en la emergencia a una estrategia permanente de prevención, ordenamiento territorial y fortalecimiento de las capacidades técnicas de los gobiernos. Para la especialista, reducir la vulnerabilidad del país frente al Fenómeno del Niño requiere actuar tanto sobre los riesgos inmediatos como sobre las condiciones estructurales que hacen más vulnerables a las ciudades y comunidades.

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