El geógrafo Edwin Lozada Valdez, exdecano nacional del Colegio de Geógrafos del Perú, analizó en una nueva edición de La Hora del Economista, los posibles efectos de un fenómeno El Niño de gran intensidad sobre la agricultura, la infraestructura, la producción petrolera y la economía peruana. El especialista sostuvo que el país enfrenta un escenario complejo debido a la limitada preparación y al corto tiempo disponible para ejecutar medidas de prevención.
Lozada explicó que el incremento de las
temperaturas del mar y la proximidad del verano podrían intensificar las
condiciones asociadas al fenómeno El Niño.
“Estamos casi 7 °C por encima de la media normal que
correspondería para este mes. Eso va a generar muchas implicancias
posteriormente en el ámbito productivo y agrícola. Desde el punto de vista
económico, va a ser muy difícil.”
El geógrafo señaló que la combinación de las
temperaturas propias del verano con las elevadas temperaturas del mar podría
generar un fenómeno de gran intensidad. Según explicó, este escenario tendría
efectos diferenciados en las distintas regiones del país.
Uno de los sectores que podría recibir un impacto
importante es la agricultura. Lozada advirtió que las condiciones climáticas
pueden afectar tanto la floración como la producción de cultivos permanentes y
temporales.
“Por ejemplo, los cultivos permanentes como el
mango, el limón, la uva, la palta y el olivo van a tener un problema de escasez
muy alto hacia noviembre, diciembre y los meses de verano.”
El especialista destacó que varios de estos
productos tienen un componente importante de exportación, por lo que una menor
producción también tendría repercusiones sobre el comercio exterior. Al mismo
tiempo, señaló que cultivos destinados al mercado nacional, como la papa, el
maíz y diversas leguminosas, podrían perder capacidad productiva debido al
incremento de la temperatura del suelo.
Para Lozada, la prevención y la planificación son
elementos fundamentales para reducir los daños de fenómenos recurrentes. Como
referencia, recordó su experiencia trabajando en Tumbes durante el fenómeno de
1997-1998 y comparó los daños registrados en distintos episodios de El Niño.
Según explicó, durante 1997-1998 se ejecutaron
obras de prevención antes de la temporada más crítica, lo que contribuyó a
mitigar los efectos. En su exposición señaló que las pérdidas de aquel periodo
representaron alrededor del 6,2% del PBI, frente a más del 11% registrado
durante 1982-1983. También mencionó que en 2017 las pérdidas estuvieron
alrededor del 3,5% del PBI.
El geógrafo consideró preocupante que, pese a la
experiencia acumulada, el país continúe manteniendo niveles importantes de
vulnerabilidad.
Lozada también alertó sobre las posibles
consecuencias de El Niño para la infraestructura y la producción petrolera.
Tras una evaluación realizada en Talara, señaló que las condiciones del suelo
podrían generar deslizamientos capaces de afectar caminos y pozos.
El especialista explicó que un daño sobre la
producción nacional tendría una repercusión adicional debido a la dependencia
peruana de las importaciones de petróleo.
“Nosotros producimos alrededor de 30,000 barriles
de petróleo al día y consumimos 300,000; el 90% es importado.”
Por ello, planteó que el país debe adoptar una
visión estratégica respecto de su matriz energética y reducir su vulnerabilidad
frente a interrupciones de la producción local.
Otro de los problemas identificados por Lozada es
el poco tiempo disponible para ejecutar obras de prevención. Explicó que
incluso la elaboración de expedientes técnicos requiere un periodo considerable
antes de iniciar la ejecución.
“Trabajar el expediente técnico en campo, de sol a
sol, puede tomar por lo menos dos meses. Es muchísimo tiempo para la atención
de una emergencia, porque eso es solo para la ingeniería y costos, sin contar
la ejecución.”
Frente a esta situación, consideró que el Gobierno
central tendrá que asumir un papel importante, especialmente debido al proceso
de transición que atravesarán los gobiernos regionales y locales.
Ante la proximidad del fenómeno, Lozada señaló
algunas de las acciones que considera prioritarias para reducir riesgos sobre
infraestructura.
“Lo más importante ahorita es la limpieza y
descolmatación de ríos y quebradas, la generación de drenajes y la protección
de infraestructura mediante gaviones.”
El especialista sostuvo que estas acciones deben
complementarse con la identificación de puntos críticos y la elaboración de
expedientes técnicos que permitan cuantificar las necesidades y priorizar las
intervenciones.
En su mensaje final, Lozada puso énfasis en la
importancia de orientar los recursos públicos hacia la gestión prospectiva del
riesgo.
“En primer lugar, para los economistas, sobre todo
los del MEF que asignan los recursos: deben considerar que por cada dólar
invertido en gestión prospectiva del riesgo nos ahorramos entre 13 y 14
dólares.”
También vinculó la prevención con la planificación
territorial y la reducción de la vulnerabilidad frente a distintos tipos de
eventos. En el caso de Lima, señaló problemas asociados a la infraestructura de
drenaje y planteó que las inversiones deben considerar las características de
cada territorio.
Finalmente, llamó a la población a prepararse
frente a posibles escenarios de emergencia.
“A la comunidad en general, le pido prepararse,
capacitarse y no ubicarse en zonas de alto riesgo.”
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