Hugo Perea: “Si logramos mantener un crecimiento de la inversión privada cercano al 7,5 %, la economía podría crecer alrededor del 4 % anual”


La inversión privada muestra señales de recuperación, mientras el país enfrenta el desafío de sostener el crecimiento económico en un contexto de incertidumbre política, inseguridad ciudadana y riesgos climáticos. En La Hora del Economista, Hugo Perea, economista jefe para el Perú en BBVA Research, analizó la evolución de la inversión pública y privada, las condiciones necesarias para atraer capitales y la importancia de traducir el crecimiento en mejores oportunidades para la población.

Perea destacó el desempeño reciente de la inversión privada, que registró un crecimiento interanual de 17,6 % en el segundo trimestre, según las cifras que comentó durante la entrevista. A su juicio, este resultado refleja la reactivación de proyectos que durante un tiempo permanecieron anunciados, pero sin concretarse.

“Yo destacaría, además, que este crecimiento se produjo en pleno contexto de elecciones, lo cual refleja el buen ánimo empresarial y la confianza que existe en el país para continuar desarrollando proyectos de inversión importantes”.

El economista explicó que parte de esta recuperación responde a la ejecución de inversiones en sectores como minería e infraestructura, cuyos proyectos han comenzado a avanzar luego de completar permisos y procedimientos administrativos. Este impulso también contribuye al dinamismo de la demanda interna, que, de acuerdo con las cifras mencionadas en el programa, crecía cerca de 6 %, por encima del crecimiento del PBI, estimado en aproximadamente 3,5 %.

En contraste con el comportamiento de la inversión privada, Perea señaló que la inversión pública registró una contracción hasta el segundo trimestre, aunque desde julio comenzó a mostrar cifras positivas.

El especialista consideró que esta tendencia podría mejorar y que las obras de reconstrucción posteriores al fenómeno de El Niño representarían una oportunidad para impulsar la actividad económica.

“Si no tuviéramos capacidad de respuesta fiscal a través de la inversión pública, el impacto sería mayor”.

Según las estimaciones de BBVA Research que compartió durante la entrevista, el fenómeno de El Niño podría restar aproximadamente 0,9 puntos porcentuales al crecimiento económico de ese año y 1,3 puntos al del siguiente. En ese escenario, la capacidad del Estado para ejecutar inversiones y atender los daños sería importante para limitar los efectos sobre la economía.

Para Perea, la estabilidad macroeconómica constituye una base fundamental para atraer inversiones, porque reduce la incertidumbre sobre los precios, los costos de producción y las condiciones futuras del mercado. Sin embargo, precisó que mantener esa estabilidad no basta para alcanzar un crecimiento más acelerado.

“La estabilidad macroeconómica es una condición necesaria, pero no suficiente para acelerar el crecimiento”.

El economista explicó que el Perú ha logrado sostener su actividad económica pese a distintos episodios adversos, pero crecer alrededor de 3 % resulta insuficiente para que los beneficios lleguen con mayor rapidez a la población.

Recordó que, durante el periodo de fuerte expansión económica entre 2002 y 2013, el país registró tasas de crecimiento superiores al 6 % anual. En ese contexto, la pobreza se redujo de aproximadamente 59 % en 2004 a cerca de 20 % en 2019.

Para Perea, esta experiencia muestra la importancia de acelerar el crecimiento para generar más empleo, facilitar el desarrollo de los emprendimientos y lograr una reducción más significativa de la pobreza.

Otro de los factores que preocupa al economista es el costo de la inseguridad para las empresas y los emprendedores. Perea señaló que los gastos en protección afectan los recursos disponibles para desarrollar nuevos proyectos y pueden perjudicar el crecimiento del ingreso de los hogares.

Durante la entrevista, mencionó una estimación según la cual el ingreso per cápita promedio habría perdido alrededor de tres puntos porcentuales acumulados durante el periodo 2021-2024, principalmente por factores vinculados a la inseguridad. También indicó que, siguiendo una metodología del Banco Interamericano de Desarrollo, el gasto del Perú en seguridad se estimaba en aproximadamente 3,1 % del PBI.

“Eso significa que hay recursos que, en lugar de destinarse a la inversión, se utilizan para garantizar la seguridad y proteger la vida de muchos emprendedores, así como el patrimonio de las empresas frente a problemas como la extorsión”.

En esa línea, advirtió que la inseguridad representa un costo económico que puede limitar la expansión de los negocios y reducir el potencial de crecimiento del país.

Perea también se refirió a las condiciones institucionales que pueden favorecer las decisiones de inversión. Consideró que habría sido positivo incorporar medidas para mejorar la administración pública y reducir los trámites dentro del paquete de facultades legislativas debatido en ese momento.

Explicó que los inversionistas observan la relación entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, pues la cooperación entre ambas instituciones puede facilitar la aprobación y ejecución de medidas.

Asimismo, advirtió que una mayor confrontación política podría generar nuevamente incertidumbre y frenar la inversión, como ocurrió en años anteriores.

Entre los principales riesgos para la inversión, Perea identificó las tensiones geopolíticas y comerciales internacionales, además de los factores internos, especialmente el fenómeno de El Niño.

Advirtió que las lluvias intensas podrían ralentizar o interrumpir temporalmente determinadas obras, sobre todo en las zonas más afectadas del norte del país, debido a los daños en carreteras, las inundaciones y las dificultades para ejecutar trabajos de infraestructura.

Frente a este escenario, sostuvo que la prioridad del Gobierno debe ser limitar los daños a la infraestructura básica y vial, además de evaluar apoyos focalizados para los sectores más vulnerables.

También resaltó que las consecuencias no deben evaluarse únicamente desde una perspectiva macroeconómica: los daños a viviendas, pequeños negocios, escuelas y establecimientos de salud pueden tener efectos mucho más severos en las comunidades directamente afectadas.

Pese a los riesgos, Perea mantuvo una perspectiva favorable para el mediano plazo. Señaló que, una vez superado el fenómeno de El Niño y normalizadas las actividades afectadas, podría producirse un rebote de la inversión y del crecimiento económico.

De acuerdo con las proyecciones que presentó, la inversión privada podría crecer a una tasa promedio cercana al 7,5 % anual entre 2028 y 2031. Si se mantiene ese ritmo, la economía peruana podría crecer alrededor del 4 % anual. También indicó que el rebote podría llevar el crecimiento hasta tasas cercanas al 5 % en 2028.

Para alcanzar ese escenario, consideró fundamental preservar la estabilidad macroeconómica, fortalecer la estabilidad política y garantizar condiciones de gobernabilidad que reduzcan la incertidumbre.

“Una mayor inversión significa más empleo, dinamización de la economía y mayores ingresos fiscales, entre otros beneficios”.

El análisis de Perea deja planteado el desafío de sostener la recuperación de la inversión privada y, al mismo tiempo, fortalecer la capacidad del Estado para ejecutar proyectos, atender emergencias y crear condiciones que permitan convertir el crecimiento económico en mejores oportunidades para los peruanos.

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